Me perdí en un día soleado,
me encontré en un día lluvioso,
tanta luz me cegó del pasado
y ya estaba entrando agosto.
Como un abejón de mayo perdido,
chocando contra lo que sea brillante,
pedí al mundo encontrar un sentido
y de la opinión ajena me volví errante.
Y entre tantos rayones y tachones
me posé en una página vacía,
sin querer me arrullé en sus canciones
soñando con que fueran mías.