La noche era demasiado bulliciosa,
demasiado para una vieja como yo,
que aunque no cumplía los 40
la goma me la provocaba la renta
y 2 gatas tricolor.
Entonces me quedé en la acera,
contemplando mi falta de compañía,
fumando y pensando en que mañana,
en una marcha cotidiana,
estaré yendo al trabajo tardía.
Y en medio pensamiento pasó,
sus piernas largas tocaron el piso,
era la motoquera con la que bailé,
y sí, tal vez un poco la esperé,
porque es lo que ella quiso.
-Gracias por no irte, tomá.
Y me alcanzó un casco para mí.
Sin pensarlo me subo y la abrazo
al menos en esto no fracaso
mañana iba a llegar tarde de por sí.